02/09/2025
Nuevas rutinas tras el verano: cómo adaptar la dieta en personas con Alzheimer
Consejos para familiares y cuidadores
Con la vuelta a la rutina tras el verano, muchas familias que conviven con el Alzheimer se plantean cómo reforzar los hábitos de cuidado diario. La alimentación es una de las piezas más importantes: no solo aporta energía y salud física, también influye en el bienestar emocional y cognitivo. Adaptar la dieta a las necesidades de cada etapa de la enfermedad es un acto de cuidado que mejora la calidad de vida tanto de la persona con Alzheimer como de quienes le acompañan.
Hoy te explicamos como debe ser una dieta equilibrada, las características de la dieta mediterránea y sus beneficios, y las precauciones que debemos de tener en cuenta en la alimentación de las personas con Alzheimer u otras demencias.

¿Por qué la alimentación es clave en el Alzheimer?
Una buena dieta ayuda a prevenir complicaciones frecuentes en la edad avanzada: hipertensión, diabetes, problemas cardiovasculares.
- Contribuye a mantener mejor el estado de ánimo y la vitalidad.
- Puede enlentecer el deterioro cognitivo y favorecer la autonomía durante más tiempo.
- Mejora la convivencia diaria, reduciendo riesgos como la deshidratación, la pérdida de peso o la dificultad para tragar.
Pautas de una dieta equilibrada en mayores con Alzheimer
Como norma general, para que la dieta de una persona de más de 65 años se considere equilibrada, debe cumplir con los siguientes criterios:
Macronutrientes
- Hidratos de carbono (≈ 45-60 % del total calórico): También se conocen como carbohidratos o glúcidos, y deben aportar el 50-60% de las calorías totales de nuestra dieta diaria. Esto significa que deben ser la base de nuestra alimentación, ya que aportan el combustible que el organismo necesita para la actividad del día a día. Los carbohidratos los encontramos en los cereales y sus derivados (harinas, pan, etc.), en las legumbres y en frutas y verduras. Eso sí, evitar el exceso de azúcares refinados y bollería industrial.
- Proteínas (≈ 15-20 %): Su consumo debe aportar alrededor de un 15% de las calorías totales, y las encontraremos en gran cantidad en la carne, el pescado, los lácteos y el huevo. También los alimentos de origen vegetal (verduras, cereales y legumbres) aportan proteínas, aunque estas suelen denominarse “incompletas”, al no contener todos los aminoácidos esenciales (aquellos que el organismo no puede sintetizar). Combinando distintos tipos de alimentos vegetales, sin embargo, obtenemos todos los aminoácidos necesarios para formar proteínas de “alto valor biológico”, como las procedentes de los alimentos de origen animal. Combinar cereales con legumbres es una excelente opción para conseguir este propósito.
- Grasas saludables o lípidos: Son muy importantes en nuestra dieta, ya que nuestro organismo los necesita para una gran variedad de funciones. Deben aportar el 20-30% de las calorías ingeridas totales, pero debemos tener en cuenta que un gramo de lípidos aporta más del doble de calorías que un gramo de carbohidratos o de proteínas. Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado con las cantidades. Las grasas o lípidos se encuentran en el aceite, la mantequilla, en los alimentos de origen animal y en los frutos secos. Hay distintos tipos de lípidos, debemos priorizar los procedentes del aceite de oliva virgen, del pescado y los frutos secos, y evitar abusar de la mantequilla, la margarina, las carnes rojas y en especial, de las grasas procedentes de alimentos ultra procesados.
Micronutrientes esenciales y antioxidantes
Son las vitaminas y los minerales, y aunque no tengan un aporte calórico, son esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Si comemos de manera regular frutas y verduras variadas, huevo, pescado y legumbres, raramente tendremos déficit de vitaminas o minerales.
- Vitaminas del grupo B (B6, B9, B12) ayudan al metabolismo cerebral.
- Minerales como el magnesio, potasio, zinc.
- Sustancias antioxidantes (polifenoles, vitaminas C y E) para combatir el estrés oxidativo, que también se asocia al daño neuronal.
Patrones alimenticios con evidencia
Dieta MEDITERRÁNEA: es una excelente opción de alimentación para cualquier persona, ya que incluye una gran variedad de alimentos y todos los nutrientes que nuestro organismo necesita. La dieta mediterránea se caracteriza por su variedad, y es reconocida por su importante papel en la prevención de algunas enfermedades asociadas a la edad avanzada, como son los trastornos cardiovasculares o la diabetes. Sigue siendo la dieta más avalada para salud cerebral. Incluye muchas verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado, moderado consumo de aves, lácteos y poco de carne roja.
Dieta MIND: versión híbrida que toma lo mejor de ambas, de la Mediterránea y DASH (estas son las siglas de “Dietary Approaches to Stop Hypertension” / en español, Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión). Dieta centrada en alimentos específicos “amigos del cerebro” (verduras de hoja verde, nueces, frutos del bosque, pescado, legumbres, etc.). Se ha observado que incluso una adhesión moderada aporta beneficios.

Otras características de la dieta mediterránea son las siguientes:
- Abundancia y variedad de alimentos de origen vegetal.
- Más carne que pescado: El pescado es rico en grasas poliinsaturadas, que son más “ligeras” que las de la carne, evitando así la acumulación de estas en venas y arterias, contribuyendo a una mejor circulación sanguínea.
- Preferencia por los productos de temporada.
- Uso de especies y hierbas aromáticas como el laurel, el tomillo o el romero.
- Ingesta diaria distribuida en tres, cuatro o cinco comidas al día.
- El desayuno debe ser variado, e incluir cereales, fruta y lácteos o algún alimento rico en proteínas.
- Prioriza los cereales integrales y evita el abuso de harinas refinadas
- Evita los azúcares añadidos.
Consideraciones sobre alimentación en personas con Alzheimer
Las personas con Enfermedad de Alzheimer suelen tener dificultades para recordar si han comido o no, y dependiendo de la fase de la enfermedad en la que se encuentran, pueden tener problemas al tragar o sufrir deshidratación por falta de líquidos. Por lo tanto, el papel del cuidador o acompañante es esencial para supervisar su alimentación y organizar la dieta.
Generalmente, las personas con Alzheimer no suelen tener un gran consumo energético en su día a día, por lo que sus requerimientos calóricos no son muy elevados. Las cantidades de comida deben ser moderadas, y mantener las proporciones que hemos explicado anteriormente en cuanto a nutrientes. Entre las principales recomendaciones hay que tener muy en cuenta las siguientes:
- Comer frutas y verduras diariamente.
- Beber 1,5 litros de líquidos al día, durante los meses más calurosos aumentar la ingesta.
- Comer pescado azul unas tres veces por semana.
- Evitar cocinar fritos y rebozados. Mejor cocinar al vapor, a la plancha o al horno.
- Comer en un ambiente tranquilo y procurar establecer una rutina en cuanto a horario y lugar.
- Si la persona con Alzheimer no quiere comer, concentrar todos los nutrientes en un solo plato
- Evitar las bebidas alcohólicas.
- Vigilar especialmente con la temperatura de los alimentos. Servir las comidas templadas. Recuerda que los alimentos fríos facilitan la deglución.
- Triturar la comida si la persona tiene problemas para masticar o tragar.
Adaptaciones específicas para personas con Alzheimer u otras demencias
| Necesidad | Qué hacer |
|---|---|
| Olvidos o confusión con las comidas | Establecer horarios regulares, rutinas fijas, ambientes tranquilos, no cambiar de lugar de comer si es posible. |
| Pérdida de apetito / menos actividad | Ofrecer porciones más pequeñas con mayor densidad nutricional (nutrientes que “pesen” más en menos volumen). Platos atractivos visualmente y variedad de sabores. |
| Problemas para masticar o tragar | Adaptar la textura (triturado, purés, cortar fino), evitar alimentos muy secos, muy duros o con texturas difíciles. Supervisar la temperatura de los alimentos: ni muy fríos ni muy calientes. |
| Deshidratación | Asegurarse líquido constantemente: agua, caldos, infusiones; entre comidas, recordatorios o ayuda del cuidador. Controlar que la persona tenga acceso fácil a líquidos. |
| Control de otros factores | Vigilar peso (no bajar mucho salvo que se necesite), salud dental, estado digestivo, medicaciones que puedan afectar apetito o digestión. |
Qué se recomienda hoy y qué evitar
- Recomendaciones destacadas 2025:
- Aumentar el consumo de vegetales de hoja verde, frutas del bosque o frutos rojos, nueces y legumbres al menos varios días a la semana.
- Incluir pescado azul (rico en ácidos grasos omega-3) 2-3 veces por semana.
- Uso diario de aceite de oliva virgen extra.
- Reducir alimentos ultra procesados, azúcares añadidos, sodio en exceso, grasas saturadas.
- Mantener buena hidratación, adaptar textura si hace falta, comer en un entorno tranquilo.
- Evitar / moderar:
- Dietas muy estrictas que puedan llevar a pérdida de peso no deseada.
- Abuso de bebidas alcohólicas.
- Alimentos con alto contenido de aditivos, excesivo azúcar, grasas trans.
- Saltarse comidas frecuentes; dejar que pasen muchas horas sin comer puede afectar mucho el ánimo, energía y cognición.
Ideas prácticas para que familias lo puedan implementar
Aquí van sugerencias concretas, fáciles de adaptar al hogar:
- Un desayuno templado: leche o yogur + fruta + frutos secos + pan integral o tostadas con aceite de oliva.
- Tentempiés sanos: fruta, compota, un puñado de nueces, hummus con palitos de verdura.
- Comidas principales: muchas verduras (ensalada, verduras al vapor), legumbres varias veces a la semana, pescado azul, algo de carne blanca, evitar fritos.
- Cocinar en casa lo más posible, con hierbas aromáticas y especias para dar sabor sin necesidad de mucha sal.
- Preparar un “menú de reservas” adaptado: purés o platos fáciles de masticar ya listos por si hay días en que la persona esté más débil o con poco apetito.
- Involucrar a la persona lo que pueda: elegir qué fruta quiere, ayudar a preparar (si lo permite y gusta), elegir los colores de los platos, etc. Esto no sólo mejora el apetito, también el ánimo.
Qué dicen los expertos y qué esperamos
- Recientes metaanálisis (2025) coinciden en que una mayor adhesión a la dieta mediterránea, a la dieta MIND/o patrones de alimentación “alta calidad” están asociados a menor riesgo de demencia, menor declive cognitivo e incluso mejor mantenimiento de funciones mentales, cuando se siguen durante varios años. JNHA / Revista de nutrición, salud y envejecimiento
- También se investiga el efecto de dietas modificadas como la mediterránea-cetogénica para personas con riesgo inicial, aunque con resultados aún preliminares. (Dietary Patterns and Risk of Cognitive Decline, Dementia, Alzheimer’s Disease, and Mild Cognitive Impairment: A Systematic Review)
Los investigadores señalan que es importante no sólo qué se come, sino cuánto y cómo: textura, horario, acompañamiento, higiene bucal, medicamentos, hidratación… Todo esto modula los beneficios
Resumiendo
Volver en septiembre también puede significar volver a prestar atención a la mesa. Una alimentación de calidad no “cura” el Alzheimer, pero sí puede:
- Atenuar algunos síntomas, conservar autonomía el mayor tiempo posible.
- Mejorar el estado general: energía, ánimo, salud física.
- Facilitar la convivencia: evitar malestares digestivos, deshidratación, hospitalizaciones, etc.
Si eres familiar o cuidador, tu papel es clave: supervisar, adaptar, acompañar. La buena alimentación es un acto de amor diario.
Fuentes médicas destacadas
- La dieta en la prevención de la enfermedad de Alzheimer: conocimientos actuales y necesidades futuras de investigación Stefaniak, O. et al. Nutrientes. 30 de octubre de 2022; 14 (21): 4564.
- Patrones dietéticos y salud cerebral en adultos de mediana edad y mayores: una revisión narrativa (Seabrook, J. A. et al. (2025). Nutrientes 2025 , 17 (9)
- La asociación entre la dieta MIND y la salud cognitiva en adultos de mediana edad y mayores: una revisión sistemática
- Asociación de una dieta mediterránea, de alta calidad y antiinflamatoria con la demencia en la cohorte del Biobanco del Reino Unido Youn, J. et al. (2025).
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