Konexión Alzheimer

El estilo de vida puede ser determinante en el desarrollo y evolución de la Enfermedad de Alzheimer. Existen muchos estudios que han podido demostrar los grandes beneficios que tiene el ejercicio físico sobre la función cognitiva y los perjuicios de no hacerlo regularmente, entre ellos aumentando el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Por ello debemos considerarlo como parte de las terapias no farmacológicas para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.

¿Por qué es beneficioso el ejercicio en personas con Alzheimer?

  1. Durante el ejercicio físico se liberan sustancias neuroprotectoras que aumentan la supervivencia de las neuronas.
  2. Mejora la circulación sanguínea reduciendo el riesgo de eventos vasculares, tanto a nivel cardiaco como cerebral.
  3. Disminuye la atrofia cerebral (pérdida de neuronas) y aumenta el volumen del hipocampo (el centro de la memoria) y, por tanto, la reserva cognitiva (aumenta las capacidades intelectuales).
  4. Mejora el estado de ánimo y disminuye los trastornos conductuales asociados a la demencia.
  5. Mejora la movilidad, el equilibrio y la forma física y, por tanto, reduce el riesgo de caídas.
  6. Mejora las defensas, por lo que disminuye el riesgo de infecciones.
  7. Mejora la calidad del sueño y regula el ciclo sueño-vigilia.

¿Cómo se debe hacer?

El ejercicio físico se debe adaptar a las posibilidades del paciente, tanto físicas como cognitivas (capacidad de comprensión y ejecución de órdenes). Es importante establecer una rutina de ejercicio físico lo más precozmente posible.

Lo más beneficioso sería combinar ejercicio aeróbico con ejercicios de equilibrio, fuerza y flexibilidad, al menos 2 o tres veces por semana y de una hora de duración mínima.

Ejercicios para personas con Alzheimer

Algunos ejemplos de ejercicios, son:

  • Ejercicio aeróbico: Bicicleta, elíptica, pedales, baile, paseo a marcha rápida, natación, etc.
  • Ejercicios de equilibrio y psicomotricidad fina: sostener una pelota entre las piernas, mantenerse sobre una pierna, realizar recorridos en diferentes direcciones (con o sin obstáculos), realizar bolas de papel, figuras de plastilina, etc
  • Ejercicios de fuerza: Se pueden usar pequeñas pesas para levantar con brazos y piernas, movimientos periódicos de extremidades con una cinta elástica, etc.
  • Ejercicios de flexibilidad: series de movilización de rodillas, cadera, piernas y pies, brazos y manos, hombros y cuello, rotando o con flexo-extensión.
  • Ejercicios de coordinación: Hacer rodar una pelota con la mano o pie, combinar varios movimientos corporales acompañado de música, pasar la pelota, dar palmadas siguiendo un ritmo, etc.

Recomendaciones

  1. Adaptarlo a las posibilidades del paciente, tanto en complejidad como en intensidad.
  2. Incorporar de forma rutinaria al menos 1h de paseo diario.
  3. Establecer una rutina de ejercicio físico combinado y para ello es fundamental establecer por escrito los días que se va a realizar y el horario.
  4. Formular una tabla de ejercicios que combine diferentes actividades.
  5. Poner música durante una sesión de ejercicio físico puede facilitar la adherencia al mismo.

El ejercicio físico es una herramienta fundamental como terapia no farmacológica en la Enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Tiene grandes beneficios en la función cognitiva y la condición física, reduciendo así los riesgos asociados a la edad (caídas, deterioro cognitivo, autonomía…), por lo que debe considerarse parte de la rutina del día a día del paciente (como comer, dormir…).